Obesidad

En el lenguaje más informal, se cataloga a la persona obesa como aquella que tiene un exceso de peso. Según criterios médicos, la obesidad se define como el exceso de grasa corporal acumulado en el tejido adiposo por un balance positivo de energía. Esto significa que ha habido una mayor ingesta de alimentos que no se ha compensado con un gasto adecuado. Este término se debe asociar al de “sobrepeso” que en personas sedentarias sería la antesala de la obesidad. Sin embargo en deportistas, ocurre todo lo contrario, el sobrepeso es producido por un desarrollo (hipertrofia) de masa muscular, acompañado de niveles normales o incluso bajos de grasa corporal. En personas mayores, la problemática asociada al sobrepeso y a la obesidad va a estar muy relacionada con ingestas muy desequilibradas acompañadas de sedentarismo.

 

Etiología

La obesidad, ha sido catalogada como la epidemia del siglo XXI, por ser una de las enfermedades más recurrentes en la población actual. El 14% de los niños, 15% de los adultos jóvenes y el 35% de los adultos mayores, padecen esta enfermedad. Estas cifras duplican con holgura los datos de hace apenas 50 años. Este cambio en la composición corporal, se debe básicamente a la modificación a lo largo de los años del estilo de vida (sin tener en cuenta la predisposición genética, que también desempeña un papel importante en esta patología, aunque minoritariamente). Por un lado está la industrialización, donde a partir de la década de los 80s, se abusó de las grasas saturadas (aceite de coco o de palma y la grasa proveniente de animales terrestres principalmente). Esto hizo surgir un nuevo tipo de negocio en la industria de la alimentación con el desarrollo de la bollería industrial y la implantación de macrocadenas de comida rápida. Éstas alegaban el uso de aceites vegetales, pero modificados a nivel molecular (ácidos grasos “trans”) y azúcares sencillos. Al mismo tiempo que cambiaban los hábitos alimenticios, la sociedad se volvió más sedentaria consumiendo más horas de televisión y realizando trabajos más estáticos. Este alejamiento de tipos de dietas tradicionales y de un estilo de vida más sedentario, provocó un incremento imparable y cada vez mayor de sobrepeso y obesidad.

Como ya se comentado, el descenso de actividad física y el sedentarismo son aspectos clave. Así, la media del gasto energético hoy en día es mucho menor que hace medio siglo. Este problema no queda ahí, ya que el crecimiento de la obesidad en los próximos años seguirá esta tendencia al alza según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además de una predisposición genética o un desajuste en los hábitos de vida, también hay otras razones por las que una persona puede aumentar su grasa corporal. Hay enfermedades que pueden tener como una de sus manifestaciones el aumento de peso sin que haya un aumento en la ingesta. Así, uno de los síntomas del hipotiroidismo es la ganancia de peso. Esto ocurre cuando la glándula tiroides (situada en la zona del cuello) produce poca cantidad de hormona tiroidea, lo que hace que el metabolismo disminuya, consuma menos calorías y por tanto, se acumule más grasa. Otro ejemplo es el síndrome de Cushing, en el que las glándulas suprarrenales (situadas como capuchones sobre los riñones) producen más cortisol de lo normal. Este exceso, que tiene diversas causas, produce la acumulación de grasa. La presencia de tumores en la zona del cerebro responsable de regular la saciedad puede también inducir a la ganancia de peso, pudiendo desembocar en obesidad. Sin embargo, estos síndromes que tienen una menor incidencia que la obesidad, deben ser diagnosticados y tratados por médicos especialistas.

Los fármacos son otro de los factores que pueden propiciar la ganancia de peso. De hecho, el tratamiento con corticoides (cortisona), muy utilizado, entre otras aplicaciones como antiinflamatorios, puede producir como efecto secundario, ganancia de peso de forma similar a como lo hace el cortisol. Los antidepresivos también tienen un efecto positivo sobre la ganancia de peso. Esto explica por qué algunas personas engordan al dejar de fumar. Esto se debe principalmente a la ansiedad que se genera en el ex-fumador, que trata de aliviarla comiendo. Se une también el hecho de que la nicotina tiene un efecto reductor del apetito, que se revierte al dejar el tabaco. Se estima que se puede producir una ganancia de 2-4 Kg en los primeros meses. Esta ganancia de peso es transitoria si se controla la ingesta.

 

Determinación de la grasa corporal y tipos de obesidad

La cantidad de grasa corporal de una persona se puede determinar por medio de diferentes métodos, aunque el más utilizado es el índice de masa corporal (IMC). Es el índice que se utiliza con más frecuencia por su amplia aplicación a gran parte de los sectores de la población, aunque no sirve para deportistas, mujeres embarazadas, niños y ciertos pacientes. Se define como el cociente entre el peso en Kg y la altura en metros al cuadrado.

Masa (Kg)

IMC = ——————-

Altura2 (m)

 

Por ejemplo, una persona que mida 1.65 m y pese 60 Kg, su IMC será:

IMC = 60 / (1.65 x 1.65) = 22 Kg/m2

Esta medida es independiente del sexo y la edad de la persona.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido unos rangos de valores de IMC que corresponden a situaciones de delgadez, peso normal, sobrepeso y obesidad. Esta clasificación está basada en el estudio de la relación existente entre el riesgo de mortalidad y el IMC. Este indica que el menor riesgo de mortalidad corresponde a un IMC entre 20 y 25, aumentándose hasta 27 en la población anciana, mientras que fuera de ese rango, por debajo o por encima, el riesgo aumenta.

Existen varios rangos dentro de lo que se conoce como sobrepeso y obesidad, estos están mediados por la cantidad aproximada de masa corporal, extraída a través del IMC:

Sobrepeso: IMC entre 27-29 kg/m2. Este aumento en la masa corporal no supone ningún problema para la salud del individuo.

Obesidad tipo I: IMC entre 30-34.9kg/m2. En este rango empiezan a encontrarse algunos problemas cardiovasculares como diabetes, hipertensión arterial, dislipemias, enfermedades cardiovasculares, etc. asociados a este aumento de masa corporal.

Obesidad tipo II: IMC entre 35-39.9 kg/m2. Riesgo moderado-alto de padecer enfermedades graves en el aparato cardiovascular.

Obesidad tipo III (mórbida) y tipo IV (extrema): IMC que va desde 40 kg/m2 a más de 50 kg/m2. Estos dos tipos de obesidad son los más peligrosos, ya que además de asociarse con al menos una enfermedad cardiovascular y causar minusvalía o discapacidad, tienen un alto riesgo de mortalidad.

 

Existen dos tipos fundamentalmente de obesidad. La obesidad central (androide) se caracteriza por una mayor y notable acumulación de grasa en la zona media (abdominal). Tiene mayor prevalencia en los hombres y en mujeres posmenopáusicas. Presenta una mayor relación con la incidencia de padecer enfermedades cardiovasculares. Existe una serie de medidas con las que valorar el riesgo cardiovascular, estas son;

1) Circunferencia de la cintura, donde una circunferencia mayor de 88 cm en la mujer y de 102 cm en el hombre son valores positivos de riesgo.

2) Índice cintura-cadera, se obtiene dividiendo el valor de la circunferencia de la cintura entre el de la cadera. Si este resultado final es mayor de 0.8 en la mujer y de 0.95 en el hombre, se considera elevado el riesgo de enfermedad cardiovascular.

 

El otro tipo de obesidad se conoce como obesidad ginoide (periférica). En este tipo, la grasa se acumula en las extremidades inferiores siendo más común en las mujeres. Aunque este tipo de obesidad, conlleva un menor riesgo para la salud, por no influir tan directamente sobre los órganos, puede causar algunos problemas en riñones, útero y vejiga. También puede causar complicaciones como varices, problemas circulatorios, fatiga crónica, artrosis, etc. La localización de esta grasa, hace que sea más difícil su eliminación, planteando dificultades a los que la padecen para reducir su peso. Por último, cabe destacar, que independientemente del riesgo que presenta cada tipo de obesidad, se recomienda evitarlos.

 

Enfermedades asociadas a la obesidad

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Las enfermedades cardiovasculares, incluyen las diferentes formas de enfermedades coronarias (enfermedad isquémica, angina de pecho, infarto de miocardio), hipertensión, dislipidemia (niveles altos de colesterol y triglicéridos) y fallos cardíacos. El riesgo es entre 1.5 y 2.5 veces superior en personas obesas que en aquellas con peso normal. Una de las razones importantes por las que las personas obesas son más propensas a padecer problemas cardiacos e hipertensión. Se debe a que al aumentar el peso, el corazón debe trabajar con más fuerza para bombear la sangre y llegar a todos los tejidos del organismo. Esto, hace que la presión ejercida de la sangre bombeada por el corazón sobre las paredes arteriales (presión o tensión arterial) sea mayor y aparezca la hipertensión.

La disminución del peso corporal puede ayudar al corazón a volver a niveles normales de funcionamiento, evitando así un fallo cardiaco. Los niveles elevados de LDL (colesterol malo) y disminuidos de HDL (colesterol bueno) en sangre que se dan en gran parte de la población obesa son factores de riesgo fundamentales para el desarrollo de arteriosclerosis. Esta consiste en el engrosamiento y rigidez progresivos de la pared de los vasos sanguíneos que hace que la luz de la arteria disminuya. Además, en estos casos puede aumentar la formación de pequeños coágulos que pueden taponar capilares y favorecer la aparición de accidente cerebro-cardiovascular.

Aunque los problemas cardiovasculares son los más prevalentes en la población obesa, existen otras patologías asociadas que también deben de ser consideradas y que se enumeran a continuación:

  • Apnea del sueño: Se trata de pausas en la respiración o respiraciones superficiales durante el sueño. Son muy frecuentes en las personas con sobrepeso al tener que forzar más las respiraciones por la comprensión que sufren los pulmones en posición tumbada por el exceso de peso.
  • Hernia de hiato: Se trata de una afección en la cual una porción del estómago se extiende hacia el interior del tórax, a través del diafragma. La distensión gástrica, muy frecuente en casos de obesidad, favorece esta afección. Va acompañada de reflujo gastroesofágico y con ello, molestias digestivas.
  • Cálculos renales: Son masas sólidas compuesta de pequeños cristales, formados a partir de sustancias que precipitan como sales de calcio u oxalatos presentes en la orina. Suelen producir mucho dolor. Las dietas desequilibradas que consumen muchos pacientes obesos predisponen a esta patología.
  • Cálculos biliares: Son solidificaciones dentro de la vesícula biliar por precipitados de sales biliares favorecidos por acumulación de colesterol. Las dietas ricas en colesterol, muy típicas en las personas con obesidad, suelen predisponer a esta afección.
  • Hígado graso: Se debe a una acumulación de grasa en los hepatocitos (células del hígado), también llamada esteatosis hepática que conlleva un funcionamiento anormal del hígado. El exceso de grasa dietética y circulante que aparece en casos de obesidad hace que ésta se acumule en numerosos tejidos, siendo uno de ellos el hígado. Los depósitos de grasa en este órgano producen un mal funcionamiento de éste, dando lugar a la enfermedad.
  • Diabetes mellitus tipo 2: Patología generada por una producción deficiente de la insulina, la hormona reguladora de los niveles de glucosa en sangre (glucemia). Esto provoca un aumento del azúcar en sangre (hiperglucemia). La causa en los pacientes obesos es la toxicidad a los nutrientes. Las dietas descompensadas en glucosa y ácidos grasos acaban matando a las células del organismo encargadas de producir la insulina, lo que produce el desarrollo de la enfermedad y la necesidad de inyectarse insulina. La resistencia a la insulina es un estadío previo de la enfermedad y si es detectada a tiempo puede ser tratada con dieta, ejercicio y fármacos.
  • Cáncer de colon: Patología causada por células malignas localizadas en la porción intermedia y más larga del intestino grueso (colon) donde junto con el recto, se almacenan las heces antes de ser expulsadas. Los problemas de estreñimiento, muy asociados a la obesidad, hacen que éste sea un lugar propicio para la aparición de este tipo de cáncer.
  • Cáncer de páncreas: Al igual que el anterior, es una patología causada por células malignas que provocan un mal funcionamiento de este órgano, provocando desajustes en la secreción de las hormonas y de enzimas digestivas. Las causas de aparición de esta patología en personas obesas son unos incorrectos hábitos en el estilo de vida, sobrepeso y padecer diabetes mellitus.
  • Cáncer de útero: Es uno de los más comunes entre las mujeres. Su aparición puede verse favorecida por la presencia de diabetes mellitus, elevada tensión arterial o aumento de los niveles de estrógenos. Todo esto se encuentra muy relacionado con la obesidad.
  • Cáncer de próstata. Este tipo de cáncer es extremadamente frecuente en los varones a partir de los 50 años. Una de las causas que favorece la aparición de este tipo de cáncer parece ser una dieta alta en grasas animales.
  • Problemas articulares y de movilidad: La obesidad conlleva un exceso de peso corporal que puede causar grandes problemas a las articulaciones, sobre todo en los tobillos, rodillas, caderas y en la columna vertebral, produciendo un mayor deterioro y por tanto una peor movilidad. Además aumenta el riesgo de lesiones. La patología puede evolucionar causando dolor articular favoreciendo el sedentarismo y la inactividad, y dificultando por consiguiente la ejecución de actividades encaminadas a perder peso.
  • Úlceras cutáneas: La obesidad altera la barrera epidérmica de la piel, aumentando su sequedad y pérdida de agua. Además, los pliegues que se producen en la piel (los famosos “michelines”) están poco aireados y sufren mucho rozamiento favoreciendo la aparición de estas úlceras.
  • Problemas psicológicos: Por regla general la persona obesa es más propensa a depresiones, una baja autoestima, afecciones que no hacen sino empeorar la situación. Es por ello, que para garantizar mayor éxito en el tratamiento de la obesidad, es necesario una intervención interdisciplinar, sin obviar lo más mínimo el apoyo psicológico al paciente.

 

Tratamiento de la obesidad

La obesidad puede ser tratada de forma diferente, dependiendo de su grado. Generalmente, una dieta hipocalórica (menos energía en la dieta de la que el organismo necesita) y equilibrada, junto con una mayor actividad física, suelen ayudar enormemente. Estas intervenciones deben de ir acompañadas con apoyo psicológico para concienciar y motivar al paciente a cambiar su estilo de vida. Alternativamente existen tratamientos farmacológicos con medicamentos que reducen la absorción intestinal de las grasas de la dieta o con fármacos anorexígenos (quitan o reducen el apetito), éstos últimos con muchos efectos secundarios. Algunas cirugías a nivel gástrico o intestinal pueden ser también eficientes. Sin embargo, siempre que se utilicen medicamentos o la cirugía debe de hacerse bajo un estricto control médico. No obstante, siempre que la persona sea independiente y pueda moverse, se recomienda un cambio en sus hábitos de vida, introduciendo cambios favorables en la alimentación y la actividad diaria, también bajo el control de profesionales.obesity no yes