Diabetes Tipo II

La definición más utilizada de esta patología es la que la relaciona con un aumento de azúcar en sangre. Aunque éste es sólo el síntoma distintivo que indica una alta probabilidad de padecer la enfermedad, cuya causa es una producción nula o disminuida de la hormona insulina. Así, los valores normales de glucemia (glucosa en sangre) deben de oscilar entre 80-100mg/dL. Sin embargo, lo primero es saber qué es la diabetes y cuántos tipos existen. Esta es una cuestión muy importante, ya que definir el tipo de diabetes es esencial para diseñar el tratamiento más eficaz. Se podría hablar básicamente de que existen 2 tipos mayoritarios de diabetes (diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2). La diabetes tipo 1 también se denomina diabetes autoinmune y como su nombre indica se trata de una enfermedad en la que el sistema inmunitario se vuelve contra nosotros mismos, destruyendo las células que producen la insulina. Esta hormona es la que controla la glucemia y muchos otros procesos metabólicos muy importantes que implican a   otros nutrientes como grasas y proteínas. Los pacientes afectados tienen niveles nulos de esta hormona. La diabetes tipo 1 suele aparecer con más frecuencia en las personas jóvenes y supone aproximadamente un 10% de todos los casos de diabetes en el mundo. La diabetes tipo 2 tiene un mayor impacto en la población anciana y es una entidad compleja de definir, ya que por regla general suele ir acompañada de otras patologías como son la obesidad, hiperlipidemias, hipercolesterolemia y alteraciones cardiovasculares. Aunque existe una cierta predisposición genética a padecer diabetes tipo 2, las causas de la enfermedad se encuentran en la dieta y en el estilo de vida principalmente. Eso quiere decir que si la enfermedad se detecta a tiempo, se puede prevenir siempre que se adopten hábitos saludables y cambios en el estilo de vida. Los diabéticos tipo 2 suelen ingerir dietas muy descompensadas con un exceso de lípidos y colesterol, y llevar un estilo de vida muy sedentario. Este tipo de diabetes se caracteriza por una disfunción a nivel celular, que resulta en una producción inadecuada de insulina, aunque en sus estadíos tempranos suele cursar con lo que se conoce como resistencia a la insulina. En este momento, la producción de la hormona es excesiva y es cuando puede ser tratada con una cierta probabilidad de éxito, siempre de la mano de los profesionales. Para que la insulina ejerza su acción, los tejidos como el músculo o el tejido adiposo disponen de unos receptores que se unen a la hormona. La unión de la hormona a su receptor facilita la entrada de la glucosa y otros nutrientes en el tejido correspondiente activando su metabolismo. Si el tejido no reconoce a la hormona se produce lo que se denomina resistencia a la insulina, que se podría definir como “un desacuerdo o falta de diálogo” entre los tejidos y la hormona. Esto afecta sobre todo a la glucosa que se queda en circulación a niveles elevados. La diabetes tipo 2 puede progresar de forma que las células productoras de insulina a nivel pancreático mueran, resultando en una disminución significativa de la hormona, una situación que se asemeja en cierta manera a la que se da en la diabetes tipo 1. En esta fase, la diabetes tipo 2 se debe tratar con inyecciones de insulina.

Prevalencia de la diabetes

La diabetes es una de las enfermedades más prevalentes en las sociedades industrializadas conjuntamente con la obesidad, las alteraciones cardiovasculares y los procesos neoplásicos (cáncer). Se estima que actualmente en España padecen esta enfermedad más de 2 millones de personas. Sin embargo, estas cifras pueden quedar muy reducidas si se tiene en cuenta la cantidad de personas que padecen la enfermedad sin saberlo o que se encuentran padeciendo procesos prediabeticos sin ser diagnosticadas correctamente. Sin embargo, la alarma aumenta si se traslada este análisis a nivel mundial. Hoy en día padecen diabetes unos 180 millones de personas, pero las perspectivas no son nada esperanzadoras, ya que en 2025 la cifra alcanzará la friolera de 300 millones de diabéticos en todo el mundo. Por tanto, se trata de una enfermedad que se mueve a escala mundial a pasos alarmantes en las sociedades industrializadas y que supone un enorme gasto social y sanitario. Bien es verdad que, en comparación con otras enfermedades, una vez detectada la patología y adoptadas las actuaciones correctas, se puede convivir con ella mucho más cómodamente que con otras patologías, incluso puede revertirse en los casos de prediabetes tipo 2. No obstante, si la enfermedad ya se ha declarado, el enfermo debe conocer cómo controlarla y tomar decisiones adecuadas en momentos clave. A diferencia de otras patologías, el paciente toma el protagonismo y la responsabilidad sobre la enfermedad, siempre bajo la supervisión de un facultativo. Para ello, la educación diabetológica es esencial y existen diversos manuales y asociaciones de diabéticos donde el enfermo podrá encontrar las vías para una adecuada formación e instrucción. Y esto es crucial, ya que una diabetes mal controlada se convierte en una de las más graves alteraciones metabólicas que puede padecer una persona, acompañada de patologías secundarias que una vez desarrolladas son de muy difícil curación.

 

Algunas patologías asociadas a la diabetes son:

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  • Retinopatía: alteración de la microcirculación del ojo debido a un alto nivel de azúcar en sangre y/o una hipertensión mantenida, que provoca un daño en la retina. Esta enfermedad puede derivar en una ceguera si no se detecta a tiempo, por lo que es importante que las personas diabéticas controlen su visión con regularidad.
  • Nefropatía: afectación de las nefronas (unidades estructurales y básicas del riñón que filtran la sangre, ayudan a eliminar los residuos del cuerpo y controlan el equilibrio de líquidos). Esta patología es muy frecuente en personas con diabetes tipo 2 o tipo 1 y va acompañada de hipertensión. Este daño lleva al riñón a una insuficiencia, que puede ser aguda o crónica según la gravedad y tiempo de afectación.
  • Neuropatía: un nivel alto de azúcar en sangre puede derivar en un daño en los nervios periféricos del organismo. Los nervios que más comúnmente se dañan son los del pie, produciendo hormigueo, ardor o dolor profundo, acompañados de ulceraciones. A la vista de estos síntomas en un diabético, es aconsejable el control por un especialista.
  • Cardiopatía: afecciones tales como niveles altos de azúcar en sangre, hipertensión arterial y/o aumento de los triglicéridos en sangre (todos ellos problemas asociados a la Diabetes de tipo 2) pueden desencadenar problemas cardiovasculares. Estos incluyen, aumento de la frecuencia cardiaca (taquicardia) provocando una mayor redisposición al infarto de miocardio o insuficiencia cardiaca (desequilibrio entre la capacidad del corazón para bombear sangre y las necesidades del organismo).

Por todo lo expuesto, y como bien demuestran diversos estudios de intervención sanitara y social activa como el DPP (Diabetes Prevention Program), para una mayor calidad de vida de los pacientes y de sus familias, el manejo de la diabetes requiere la participación de equipos multidisciplinares: médicos, personal sanitario, farmacéuticos, psicólogos, nutricionistas, educadores, preparadores físicos, investigadores, políticos, etc. Todos los frentes son necesarios para intentar detener el frenético avance, y por consiguiente, el gran impacto de esta enfermedad en la sociedad.