Actividad Física

El crecimiento de la población de adultos mayores en los países desarrollados es cada vez mayor. El deterioro Older_adult_exercise_with_tin_can.fisiológico propio de la edad y la carga de enfermedades que ello conlleva, disminuyen progresivamente la capacidad funcional del organismo. Esto representa un problema social y una demanda de recursos cada vez mayor para dar respuesta a sus necesidades. La decadencia funcional propia del envejecimiento hace que la persona encuentre limitaciones para ejecutar las actividades de la vida diaria que requieren alguna instrumentación como: manejo de electrodomésticos en el hogar, caminatas fuera de casa, uso del transporte público, preparación de alimentos, manejo del dinero o uso de aparatos electrónicos, entre otros. En los casos más severos, se puede llegar finalmente a una incapacidad funcional, en la que la persona ya no es autosuficiente para comer, vestirse, bañarse, tomar decisiones propias etc., lo que le convierte en un ser dependiente. Investigaciones recientes demuestran el beneficio que produce la práctica de la actividad física regular en los adultos mayores. Por ejemplo, puede mejorar y/o reducir algunas de las patologías más frecuentes en este grupo, fruto del estilo de vida sedentario, principal causa de morbilidad y mortalidad en Europa. Algunas de estas patologías incluyen la obesidad, enfermedades cardíacas, cáncer de colon, diabetes de tipo 2, alteraciones de colesterol y triglicéridos en sangre, empeoramiento de la función muscular y sistema nervioso central, disfunciones de las estructuras óseas, sobre todo a nivel de extremidades inferiores (más común la cadera). La actividad física regular también consigue conservar las habilidades funcionales y preservar la capacidad física haciendo que sean personas más independientes por más tiempo y por ello, que tengan una calidad de vida más aceptable. Todos estos beneficios conllevarían además de una reducción del gasto sanitario por medicación.

Es responsabilidad del médico y de las personas encargadas del cuidado de la salud de los adultos mayores, evaluar el nivel de su capacidad físico-funcional y su estado de salud, antes de iniciarlos en un programa de adecuación física. En estos programas, es importante la supervisión de profesionales de Ciencias de la Actividad Física y Deporte que son los que hoy en día cuentan con los conocimientos básicos de la fisiología del esfuerzo físico y las herramientas necesarias para promover y fomentar la salud en las personas mayores de 60 años.Senior-Doing-Exercises-with-his-Trainer-300x199

Según las recomendaciones de la OMS para los adultos mayores, realizar actividades recreativas o de ocio, tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias (caminar, paseos en bicicleta, bailar, subir escaleras) regula el equilibrio energético y reduce el riesgo de padecer las enfermedades anteriormente descritas.

Se recomienda que los adultos de 65 en adelante dediquen 150-300 minutos semanales a realizar actividades físicasJimmyCarteronBicycle moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de actividad física vigorosa aeróbica durante 75-150 minutos, o una combinación equivalente de ambas. La actividad se debe practicar en sesiones de 10 minutos, como mínimo. Finalmente, los adultos de este grupo de edades con movilidad reducida deben realizar actividades físicas para mejorar su equilibrio e impedir las caídas, tres días o más a la semana.

Cuando los adultos de mayor edad no puedan realizar la actividad física recomendada debido a su estado de salud, hay que procurar que se mantengan físicamente activos en la medida en que se lo permita su estado.

En éste sentido, y después de todas las recomendaciones generales descritas, la OMS considera que la mayoría de los adultos mayores son susceptibles de someterse a un programa de adecuación física, si se toma en consideración su estado de salud, para lo cual los divide en tres grupos:

  • Grupo III. Personas físicamente activas, teóricamente sanas y capaces de realizar las actividades de la vida diaria. Pueden participar en una gran variedad de programas de actividad física, incluyendo actividades realizadas en su juventud.
  • Grupo II. Individuos que no realizan actividad física regularmente, pero mantienen su independencia dentro de la comunidad. Son portadores de factores de riesgo para diversas enfermedades crónico degenerativas que amenazan su independencia. En ellos se puede implementar programas de regular intensidad individualizados de acuerdo a las limitaciones y discapacidades presentes, con el propósito de mantener su independencia.
  • Grupo I. Se trata de sujetos que han perdido su independencia funcional por razones físicas o psicológicas. En ellos un programa apropiado de actividad física puede mejorar su calidad de vida e incrementar su funcionalidad en algunas áreas. En ocasiones es necesario implementar ejercicios asistidos en la propia cama o en sillas de ruedas.