Unintentional weight loss in older adults.

 

Autores: Gaddey HL, Holder K.

 

ARTÍCULO COMENTADO POR: FUENSANTA TRIGUEROS MOLINA. ALUMNA DEL GRADO DE CIENCIAS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTE (2016-2017). UNIVERSIDAD MIGUEL HERNÁNDEZ DE ELCHE

 

La pérdida no intencionada de peso (es decir, más de un 5% de reducción entre 6-12 meses) en personas mayores de 65 años está asociada con un incremento de la morbi-mortalidad. Las etiologías que más se muestran en la 3º edad son: malignidad y enfermedades no malignas como la enfermedad gastrointestinal y trastornos psiquiátricos. En general, las enfermedades no malignas son las causas más comunes de pérdida de peso no intencionada. El uso de medicamentos y la polifarmacia pueden interferir con el gusto o causar náuseas, por lo que no deberían ser pasados por alto a la hora de considerar factores que contribuyan a la pérdida no intencionada de peso en mayores. Finalmente, ciertos factores sociales también pueden contribuir a la perdida involuntaria de peso.

La evaluación de la perdida no intencionada de peso comienza con un historial del paciente. Si hay una preocupación por el deterioro cognitivo, un cuidador o miembro de la familia puede proporcionar información corroborante. El historial debe centrarse en la cantidad de peso perdido y el marco de tiempo en el que se produjo la pérdida de peso. La evaluación del apetito determinará si la pérdida de peso está relacionada con el consumo de alimentos pobres en nutrientes. Es importante revisar los sistemas de diagnóstico para detectar la presencia de una enfermedad aguda o el empeoramiento de enfermedades crónicas ya existentes, prestando especial atención a los síntomas cardiovasculares, respiratorios y gastrointestinales.

Los test o pruebas recomendados para poder detectar este problema incluyen: un recuento sanguíneo completo, un panel metabólico basal, pruebas de función hepática, pruebas de función tiroidea, niveles de proteína C-reactiva, velocidad de sedimentación de eritrocitos, medición de glucosa, medición de lactato deshidrogenasa y análisis de orina. Se deben realizar radiografías de tórax y análisis de sangre oculta en heces. La ecografía abdominal también puede ser considerada. Cuando la evaluación de estos parámetros no aporta datos para poder emitir un diagnóstico, se recomienda un periodo de observación de tres a seis meses. Como estrategias nutricionales, deben considerarse suplementos nutricionales y potenciadores del sabor, modificaciones dietéticas que tengan en cuenta las preferencias del paciente y las discapacidades de masticación o deglución. Los estimulantes del apetito pueden ayudar a aumentar el peso, pero tienen efectos adversos graves y ninguna evidencia de que disminuyan la mortalidad.

La Mini-Evaluación Nutricional es una herramienta validada para ayudar a medir el riesgo de desnutrición, acompañada de medidas antropométricas y evaluaciones generales (como las analíticas sanguíneas y de orina comentadas anteriormente), dietéticas y subjetivas. En este contexto, la puntuación obtenida en el test de Mini-Evaluación Nutricional es una herramienta muy sencilla para evaluar el estado nutricional en este segmento poblacional. La evaluación para detectar depresión y demencia es también vital, porque ambos estados han demostrado contribuir a la pérdida involuntaria del peso en adultos mayores. El peso corporal debe ser evaluado sin zapatos con una balanza clínica. La evaluación de la cavidad bucal y la dentición puede indicar dificultad para masticar o tragar, y también debe ser tenida en cuenta en este contexto. Así, los exámenes cardiacos, pulmonares, gastrointestinales y neurológicos evalúan las enfermedades que contribuyen o causan pérdida de peso.

En esta población, la pérdida no intencionada de peso puede conducir a una disminución funcional en las actividades de la vida diaria, una mayor morbilidad hospitalaria, un mayor riesgo de fracturas de cadera en mujeres y un aumento de la mortalidad en general. Además, la caquexia ha sido asociada con efectos negativos como aumento de infecciones, úlceras por presión y falta de respuesta a tratamientos médicos.

En cuanto al diagnóstico, un estudio prospectivo evaluó 101 pacientes (hospitalizados y ambulatorios) con una edad promedio de 64 años y una pérdida de peso no intencionada de al menos 5% en un periodo de seis a doce meses. La evaluación inicial incluyó una historia clínica completa y un examen físico. Después de la evaluación inicial se estableció la etiología de la pérdida no intencionada de peso en 73 pacientes (72%). La enfermedad orgánica fue identificada en 57 pacientes y 16 pacientes tuvieron un diagnostico psiquiátrico. Más importante aún, los 22 pacientes con enfermedades malignas tuvieron resultados discrepantes en la evaluación inicial. Los parámetros más relevantes en el momento del diagnóstico fueron la proteína C-reactiva, los niveles de hemoglobina, la presencia plasmática de lactato deshidrogenasa y la concentración sérica de albúmina. En resumen, los autores llegaron a la conclusión que si los resultados de las pruebas basales son normales, no es necesario realizar más estudios y se procede a una  observación cercana de tres a seis meses.

Si hay que proceder a un tratamiento, se recomienda la intervención de un equipo multidisciplinar: dentistas, médicos, nutricionistas, fisioterapeutas y psicólogos entre otros. Las estrategias nutricionales más comunes para tratar la pérdida de peso son cambios dietéticos, modificaciones ambientales, suplementos nutricionales, potenciadores del sabor y estimulantes del apetito.

Finalmente, existen varios medicamentos para estimular el apetito, pero no se ha demostrado que ninguno de ellos reduzca la mortalidad en pacientes mayores con pérdida de peso involuntaria. El Megestrol (Megace) ha demostrado mejorar el apetito y aumentar el peso en pacientes con cáncer y caquexia. Sin embargo tiene efectos secundarios, por lo que no es apropiado para todos los pacientes. La Mirtazapina (Remeron) es un antagonista de la serotonina para tratar la depresión. El 12% de los pacientes que toman este fármaco informan de aumento de peso. El Dronabinol (Marinol) y la hormona de crecimiento se han estudiado en ensayos piloto con resultados  variables con respecto a la ganancia de peso. Así, el Dronabinol se ha asociado con efectos adversos significativos y la hormona de crecimiento con un aumento de la mortalidad.