La Anosmia: Pérdida del olfato en los ancianos

Lafreniere D and Mann N. Anosmia: Loss of smell in the elderly. Otolaryngol Clin N Am 2009, 42: 123-131

Artículo comentado por: Eloy Gutierrez Sendra (TFG de CAFD, 2016)

La pérdida del gusto y el olfato da lugar a cambios en el apetito y en las preferencias alimentarias, afectando a la calidad de vida y al estado nutricional. En las personas con edad avanzada, la sensibilidad al olor va disminuyendo y en ocasiones, los propios afectados no son conscientes de ello. Todos estos cambios en el sentido del olfato se ven muy acentuados en las enfermedades de Alzheimer y Parkinson, ya que junto al deterioro del proceso olfativo también se ve afectado el procesamiento central de la información.

Se ha observado que los olores alcanzan el epitelio olfativo a través de la nariz y de la vía retronasal. En el epitelio olfativo, las células mitrales detectan el olor al unirse los odorantes a receptores proteicos. Las células mitrales transmiten la información desde los cilios epiteliales al bulbo olfativo, y éste transforma las señales químicas en respuestas eléctricas y las envía directamente al sistema límbico y al neocórtex donde se procesa la información. La función de los receptores olfativos depende de la composición de la capa de la mucosa. Así, la composición de las secreciones nasales presentes en la mucosa puede cambiar mucho con la inflamación, la exposición a tóxicos o ciertas enfermedades, como Alzheimer y Parkinson. Por tanto, daños en el epitelio olfativo pondrían en peligro el procesamiento del olor a nivel  perceptivo o sensorial. Sin embargo, se ha visto que el epitelio olfativo puede reemplazar las neuronas olfativas perdidas a través de una lesión, lo que se conoce como neurogénesis olfativa. Un movimiento mucociliar reducido, una disminución en ciertas actividades enzimáticas y una reducción de la hidratación pueden dañar el epitelio olfativo.

Se ha evidenciado que con la edad disminuye el número de neuronas olfativas y aumenta la irregularidad en la mucosa olfativa, debido a un fenómeno de apoptosis que lleva a la anosmia traumática. En el estudio de Loo et al se descubre que las células olfativas anteriores cambian más que las medias y las posteriores. Además, tras la exposición ambiental se produce una mayor disminución de neuronas inmaduras en relación a las neuronas maduras. Factores como fumar, los virus, las enfermedades, entre otros, deterioran las neuronas periféricas pudiendo desarrollarse sinapsis aberrantes  y  contribuyendo a la pérdida de células mitrales en el bulbo olfativo con el paso del tiempo.

Los principales trastornos neurodegenerativos que cursan con alteraciones olfativas son:

-Alzheimer: Se observan lesiones patológicas en el tejido cerebral por producción de placas neurofibrilares compuestas por una proteína asociada a microtúbulos fibrilares anormalmente fosforilados (TAU). Se produce una pérdida en la detección del olor y en la discriminación de olores que se va agravando conforme avanza la enfermedad. Los individuos heterocigotos u homocigotos con el genotipo de la apolipoproteína E4 tienen mayor riesgo de desarrollar Alzheimer y un mayor deterioro cognitivo.

-Parkinson: En esta enfermedad uno de los síntomas más característicos es la disfunción olfativa que se suele detectar muy pronto. También se da un menor procesamiento y reconocimiento de los olores. En las neuronas del cerebro afectado se pueden observar los cuerpos de Lewy que se distribuyen por toda la corteza cerebral y la zona profunda del cerebro medio o del tronco cerebral.

-Demencia frontotemporal: Se ven afectados los lóbulos frontales y se produce una deficiencia en el procesamiento del olor.

-Demencia semántica: Se ven afectados los lóbulos temporales y se produce una deficiencia en la memoria olfativa.

También se ha descubierto que existe una pérdida  del sabor olfativo con la edad y las condiciones de la boca afectan al olfato retronasal. Algunos objetos como las prótesis dentales, impiden la sensibilidad olfativa y afectan a la mecánica de propagación de olores hasta la hendidura olfativa. Por último, se ha visto como un gran número de individuos pierde olfato tras una cirugía, traumatismo o enfermedad viral. En estos casos, su recuperación es muy difícil de tratar.