Electrogustometry: strengths, weakness, and clinical evidence of stimulus boundaries

Autores: J.A. Stillman, R.P. Morton, K.D. Hay, Z. Ahmad y D. Goldsmith.

Publicado en la revista Clinical Otolaryngology. 2003,28, 406-410.

ARTÍCULO COMENTADO POR: NICOLÁS LEBRÓN BARRERA. ALUMNO DEL GRADO DE CIENCIAS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTE (2018-2019). UNIVERSIDAD MIGUEL HERNÁNDEZ DE ELCHE

La electrogustometría es una herramienta que se usa en el ámbito clínico para individuos que presentan una pérdida o una alteración del gusto, como ocurre tras ciertas cirugías en la zona del oído medio. Una de las fortalezas de esta herramienta es poder facilitar una comparación significativa entre pacientes, o sus progresos durante su recuperación post-operatoria. Como debilidades hay que señalar la escasa sensibilidad de la técnica en función de la calidad y variedad del sabor y la presencia de un cierto sesgo hacia los sabores ácidos. No obstante, la electrogustometría es usada por investigadores del ámbito de la salud para conseguir información sobre cambios en ciertos umbrales de sabor. Sin embargo, la técnica puede provocar la activación de otros sensores, tales como los de temperatura o dolor que podrían dificultar la interpretación de los resultados. Con respecto al umbral, hay que diferenciar si el objetivo es la propia detección o la identificación de un sabor concreto. En el estudio de Saito et al. (2001), el estímulo más bajo en el que se percibió el sabor metálico o amargo se registró como valor umbral. Sin embargo, los autores coincidieron en que éste podría ser un umbral de detección, ya que para un umbral de reconocimiento se necesitaría un estímulo más fuerte. Debido a la variabilidad en las respuestas de los pacientes, los test psicofísicos serán los que determinen si las respuestas son fiables. Por ejemplo, los tests con elección forzada ante 2 alternativas (50% de aleatoriedad) minimizaron el sesgo de respuesta, haciendo que las detecciones correctas rondaran el 75%.

Por su parte, el establecimiento de unos parámetros físico-químicos concretos es esencial para la reproducibilidad de los resultados. Así, el estudio de Ajdukovic (1990) presenta evidencias de que la intensidad de la corriente y tamaño de los electrodos son clave para obtener una experiencia de sabor. Por tanto, la percepción cambiará si aumenta el tamaño del electrodo, ya que podría afectar a varias áreas de la lengua con umbrales diferentes. Este autor recomienda electrodos de 50-100 mm2 con una intensidad de 30 µA (1,53 µA /mm2). En este contexto, la intensidad de corriente es un factor clave. El dispositivo debe ser un estimulador de corriente constante que provoque la aparición de iones de hidrógeno en la saliva en contacto con el ánodo y disminuya con ello el pH. Esto producirá la estimulación de receptores activados por cambios en la concentración de iones, como los que detectan sabores ácidos y amargos. Estos últimos se consiguen con intensidades de corriente mayores. Las estimulaciones de receptores que requieran activación de rutas de transducción, como los sabores dulces, no podrán ser medidos con estos dispositivos.

Tras determinadas cirugías en la zona del oído medio, se produce la denervación de ciertos receptores gustativos. En estos casos, la estimulación del nervio trigémino es esencial para recuperar en parte la sensación gustativa. Diferentes pacientes mostraron niveles de activación por electrogustometría a diferentes intensidades de corriente (rango 50-320 µA). En todos los casos, los pacientes percibieron una sensación ardiente en lugar de un sabor ácido o amargo. Similares resultados fueron obtenidos utilizando ácido cítrico, que fue percibido como un ardor

en la boca. La mayor parte de los estudios mostraron una relación entre la corriente eléctrica y el pH, de tal forma que la aplicación de un estímulo mayor se correspondería con una mayor disminución del pH. Esta acidificación en el ánodo, produciría la activación del trigémino. Ciertos estudios concluyeron que con un electrodo de 60 mm2, pacientes con una afectación del nervio trigémino, sólo estimulaban las sensaciones de gusto con corrientes inferiores o iguales a 300 µA (5 µA /mm2). En ratas no se muestra la misma relación intensidad-activación (Herness, 1985).

En resumen, los autores concluyen que los umbrales significativamente por encima de lo normal activan el nervio trigémino. Se presentan como ejemplo dos casos de individuos con pérdida unilateral del gusto:

  • Mujer de 39 años con alteración del gusto por afectación del sistema nervioso central. Mediante la electrogustometría, se obtienen umbrales diferentes para cada lado de la lengua. En el lado izquierdo (16,5 µA-0,84 µA/mm2) y en el lado derecho (163,0 µA-8,30 µA/mm2). Al necesitar tanta intensidad para estimularse, el lado derecho parece estar registrando más una sensación de tacto que de sabor.
  • Hombre de 34 años con perforación posterior del tímpano. Presenta pérdidas de audición (entre 20-50 dB) y dificultad para identificar el sabor cítrico, confundiéndolo con salado o amargo. Sus umbrales electrogustométricos fueron recuperándose, siendo de 295 (inicio) y 149 µA (en la segunda prueba) en el lado izquierdo. En el lado derecho fueron normales de 6,5 (inicio) y 5,3 µA en la segunda prueba.

Finalmente, se concluye que para hacer comparaciones entre pruebas de electrogustometría, deben tenerse en cuenta varios factores:

  • Tipo de umbral determinado.
  • Punto de la función psicométrica que representa el umbral.
  • Procedimiento psicofísico
  • Magnitudes de medida para realizar el estímulo.
  • Características del dispositivo.

Además, las respuestas asociadas a la electroestimulación tras una lesión de tímpano, son posibles. Esto es debido a la activación del nervio trigémino. Aunque son necesarios niveles de estimulación altos, sobre 5 µA/mm2.