Contribución auditiva a la percepción del sabor y comportamiento alimenticio

Spence C. Physiol Beba (2012); 107: 505-515

Resumido por: Francisco Javier Álvarez Martínez

Al contrario de lo que mucha gente imagina, el sonido puede ser un elemento muy importante relacionado con el gusto y el comportamiento alimentario. En los últimos años los investigadores cada vez prestan más atención a este aspecto y lo consideran un factor importante que afecta a la experiencia del consumidor con la comida y la bebida, aunque sea de forma inconsciente. Los datos afirman que lo que el consumidor oye afecta tanto a las elecciones comerciales que toma como a la propia percepción del gusto.

En esta revisión publicada en “Physiology & Behaviour” en 2012 se enumeran siete relaciones entre tipos de sonido y conductas alimentarias derivadas de una gran cantidad de estudios científicos:

  1. El sonido del propio alimento: los investigadores han descubierto que los consumidores de patatas fritas tipo snack las perciben como más crujientes cuando el sonido que producen es mayor. Sin embargo, cuando se anula ese sonido o se minimiza, el consumidor no percibe esa sensación crujiente aunque sean patatas idénticas. Algo muy similar ocurre con las bebidas carbonatadas. Cuando el consumidor percibe un mayor sonido de burbujeo tiende a percibir una mayor carbonatación en el producto. Estos datos indican que además de las sensaciones bucales obtenidas durante la ingesta, el oído juega un papel importante en la determinación de propiedades de los alimentos.

 

  1. El sonido del envoltorio del alimento: los sonidos que el consumidor percibe antes de consumir el producto también afectan a la experiencia alimentaria. Este efecto estaría relacionado con el aprendizaje asociativo, similar al de los famosos perros de Pavlov. Gracias a este efecto se pueden añadir sonidos distintivos en el envase que hagan al alimento único y distintivo, algo muy valorado por las marcas. Un ejemplo de esto es el “pop” que oímos al abrir una lata de patatas fritas de una conocida marca comercial.

 

  1. El sonido de la preparación de un alimento: existen sonidos claramente asociados a la preparación de un alimento, como por ejemplo el de la máquina de café de un bar. Los estudios demuestran que cuando percibimos estos sonidos tendemos a valorar de forma más positiva el alimento en cuestión.

 

  1. La música de fondo: al parecer, la música que se escucha en un establecimiento mientras hacemos la compra influye en qué productos elegimos y cuánto dinero gastamos. Por ejemplo, unos investigadores hallaron que los consumidores compraban vinos más caros cuando sonaba música clásica en lugar de música pop de la radio. Al finalizar el estudio se les preguntó a los consumidores si algo había influido en su compra, y la gran mayoría respondieron que no. Este efecto es también de gran utilidad para los establecimientos, ya que pueden modular inconscientemente las elecciones del consumidor según sus intereses.

 

  1. El sonido de fondo: ciertos sonidos relacionados con el alimento pueden afectar también a la percepción del gusto. Un estudio realizado en treinta personas indicó que los consumidores que comieron ostras escuchando sonidos del mar las calificaron como más sabrosas que los consumidores que las consumieron escuchando otro tipo de sonidos sin conexión con el mar. Este hecho indica que la banda sonora es capaz de intensificar o modular los sabores que se hallan en un plato.

 

  1. Asociación de sonidos a sabores: diversos estudios han determinado que los consumidores son capaces de asociar sabores placenteros con música o sonidos placenteros. Este fenómeno ocurre también con aromas y otras propiedades de los alimentos. Este hecho supone que lo que escuchamos al comer puede centrar nuestra atención en diversos elementos de la comida. Sin embargo, esta asociación no puede crear sabores o aromas que no estén presentes en el plato.

 

  1. El sonido de los nombres de los alimentos: parece que el sonido de las palabras que designan a un alimento o marca pueden inconscientemente crear expectativas acerca de las cualidades sensoriales de un producto. Estas expectativas pueden ser sobre la textura, el sabor u otras propiedades del alimento.

 

En conclusión, aunque el consumidor no crea en el efecto del sonido sobre sus hábitos y gustos alimentarios, los estudios indican claramente que lo que oímos sí puede tener un impacto muy variado sobre nuestra percepción. Para comprender las bases neuronales de estos fenómenos aún hacen falta más estudios. Sin embargo, lo que está claro es que no se puede subestimar el papel de la audición en nuestra alimentación.